El otro día conducía acercándome a un peaje. Justo antes de entrar en el peaje para realizar el pago había un vehículo parado, era una furgoneta. Estaba a pocos metros de las ventanillas de pago, parada justo en medio de todos los “pasillos”.

En ese momento fui consciente del número de suposiciones, juicios, que la mente hace en cuestión de segundos. “¿Qué hace esa furgoneta aquí?, ¿Alguien no quiere pagar el peaje?, ¿Se ha averiado la furgoneta? …”

En ese momento pude ver a un señor en medio de los carriles, cruzándolos. Nuevamente apareció la mente enjuiciando y haciéndose preguntas.

Al observar al señor, disminuí la velocidad y bajé mi ventanilla pues parecía que me hacía señales. El señor se acercó y me dijo cómo lo hacía para pasar, si él sólo llevaba dinero en efectivo. Mi respuesta (emitiendo el juicio de sorpresa por no conocer cómo pasar por un peaje) fue que debía pasar y detenerse antes de la barrera y realizar el pago. Podía pagar con efectivo. El señor insistió que no llevaba tarjeta y su mujer (que estaba en el vehículo) le había dicho que sólo podía pagar con tarjeta. El señor insistía en qué podía hacer. Por mi parte volví a comentarle la posibilidad de realizar el pago de peaje con efectivo, las máquinas estaban habilitadas para ello. El señor seguía insistiendo en que su mujer le había dicho que no. Finalmente le comenté que se acercara a la oficina y hablara con alguna persona, indicándole dónde estaba la oficina. En ese momento fui consciente del peligro que corría el señor. Estaba en medio del autopista, andando por la carretera y era de noche. Le advertí del peligro y finalmente me marché.

Seguí con mi viaje, pagué el peaje y no podía sacarme al señor de mi cabeza. Cómo las creencias nos limitan, incluso aquellas creencias que no son nuestras. En esta escena el señor estaba limitado por una creencia que no era suya; su mujer le había dicho “cómo vamos a pagar, si no tenemos tarjeta?!” El comentario de esa señora tuvo tanta fuerza que limitó a aquel matrimonio, haciendo realidad su creencia de no poder pasar puesto que no llevaban tarjeta.

¿Y si este matrimonio se hubiese acercado a la barrera, y si hubiesen creído lo que otras personas les estaban diciendo. Y si no se hubiesen creído su limitación? En ocasiones llegué a tener la sensación de que por mucho que se le diesen opciones al señor, éste sólo esperaba su respuesta, sólo podía escuchar y entender lo que él había construido como su realidad.

Esta historia, que es real, es un claro y entendedor reflejo de cómo nuestras creencias pueden llegar a limitarnos en ciertos momentos. Y lo más curioso, cómo nuestras creencias pueden limitar a los que nos rodean. Como pueden impedirnos avanzar, crecer, continuar el camino.

manos atadas

Ante una situación inesperada o ante una dificultad en el camino, puedes resignarte y bajar los brazos o buscar alternativas. Estar atent@, pedir ayuda, confiar. Liberarte y romper las ataduras.

Qué elijes?

manos libres

 Feliz Reflexión!

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