campesina portada

 

Esta es la historia de una campesina, que cada día cuida con mimo su cultivo, su fuente de subsistencia y de ingresos. Cada día parte de sus labores se destinan a preparar el terreno, sembrar, regar, escardar ara evitar que crezcan malas hierbas y recoger los frutos que la tierra le brinda.

 

Cada día espera impaciente el camión cisterna que la provee de agua para el riego de los cultivos. Cuando se va acercando la hora, entre la ilusión y los nervios inconscientes, prepara su cafetera llenándola de café molido y agua para que en unos minutos el café esté listo para el Sr. Conductor del camión cisterna. Cada día le recibe con una sonrisa, un café y una magdalena casera. Comparten anécdotas y si es época de recogida de frutos, el Sr. Conductor se lleva de regalo algún fruto de la tierra.

 

La Sra. Campesina, con la tranquilidad de sentirse provista de agua, riega las tierras iniciando su jornada laboral.

 

Hace algún tiempo el Sr. Conductor le comunicó a la Sra. Campesina que dejarían de proveer camiones cisterna con agua los fines de semana, el Sr. Conductor necesitaba descansar y no había encontrado persona que deseara trabajar los fines de semana; así pues había tomado la decisión de servir agua de lunes a viernes.

 

La Sra. Campesina preocupada por cómo lo haría, le ofreció al Sr. Conductor alimentos de su huerta, los frutos de la tierra que ella amaba; creyendo que eso podría convencer al Sr. Conductor para que al menos a ella, siguiese sirviéndola cada día el agua tan necesaria para sus cultivos; pero no consiguió hacer cambiar de opinión al Sr. Conductor.

 

La Campesina, indignada, lloró. Nadie entendía su situación, ni siquiera el Sr. Conductor, que con tanto mimo y atención ella trataba. La ansiedad iba en aumento, en especial cuando se acercaba el fin de semana. Rezaba para que lloviera. Cada día se lamentaba, cada vez que salía a comprar al pueblo le explicaba a sus vecinos su situación. Al llegar a casa reprochaba mentalmente la actuación del Sr. Conductor.

 

Miraba por la ventana las tierras y una mezcla de preocupación, impotencia y querer resolver, se mezclaban en ella.

 

Así las semanas fueron pasando, de lunes a viernes la campesina preparaba el café y magdalenas al Sr. Conductor, mantenían una breve conversación y éste seguía su ruta. Mientras la campesina, insistía en el servicio los fines de semana. Corría la voz por el pueblo buscando que alguien pudiera proveerle de agua.

 

De nuevo lunes, la campesina se ha puesto en pie muy temprano, cuenta las horas que faltan para que el Sr. Conductor aparezca con su camión cisterna y el agua vuelva a sus preciadas tierras. Se va acercando la hora y, como habitualmente, entre ilusión y nervios, prepara el café y las magdalenas.

 

Son las 7:50h. el Sr. Conductor debe estar a punto de llegar así que sale a recoger unas lechugas y calabacines para prepararle un “detallito” al Sr. Conductor.

 

Son las 8:30h. y el Sr. Conductor no aparece, la campesina nerviosa camina hasta el principio del camino de la finca, no se ve el camión. El café se enfría pero ella no puede tomárselo, demasiados pensamientos la abordan y no hay espacio para la sensación de sed o hambre. Nerviosa llama al teléfono del Sr. Conductor. Nadie contesta.

 

El día pasa y sigue sin agua para sus cultivos y sin noticias del conductor. Llanto, desesperación, nerviosismo… Sale al pueblo y explica a sus vecinos su desgracia. Busca quien pueda entenderla, quien entienda su preocupación, quien alimente su nerviosismo.

 

Han pasado 3 días desde el lunes y no hay noticias del Sr. Conductor, aunque la Sra. Campesina lo ha llamado incansablemente. Sus frutos empiezan a notar la falta de agua. La campesina mira la balsa donde normalmente hay agua, ya no queda. Ha perdido la cuenta de la de veces que va a mirar esa balsa, de la de veces que maldice la falta de agua y el no tener noticias del Sr. Conductor. “¿Cómo puede hacerle esto a ella?”, pero… “¿Y si le ha pasado algo?”, “¿Y que va a pasar con mis cultivos?!”

 

La mente de la campesina es incesante. Sus vecinos, viéndola desesperada y temiendo por dejar de tener alimentos, deciden hablar con la maga (por algunos conocida como bruja) del pueblo, para que se produzca un milagro. Los vecinos del pueblo están dispuestos a colaborar con una aportación para pagar al mago ese milagro. Se reúnen y recogen el dinero que llevan a la maga. Ésta al conocer los motivos que llevan a pueblo a pedir sus servicios les dice que el dinero no va a ser suficiente. Los vecinos alarmados, están dispuestos a “rascarse los bolsillos” y conseguir más.

 

La Sra. maga insiste, que el dinero no es suficiente para resolver la escasez de agua de la Sra. campesina y pide poder ir a verla, sólo hablar con ella.

 

Cuando la maga llega a casa de la Sra. campesina, ésta la recibe con los brazos abiertos.

 

¡Sra. Maga, es usted la única que puede salvarme de esta situación, suerte que ha escuchado mis plegarias, la necesito tanto!, ¿Cuánto dinero quiere?

 

No es el dinero lo que resolverá su problema” Contestó la Sra. Maga. “Puede pagarme para conseguir el milagro que espera, o puede pagar a otro camión cisterna, pero seguirá dependiendo del camión cisterna diario para ver florecer sus frutos. O de mi, para hacer el “milagro”. Mientras siga invirtiendo, no sólo su dinero, también sus esfuerzos, pensamientos, energía,… fuera, está olvidando, obviando, su capacidad para generar usted misma eso que desea. Respóndame sólo una pregunta ¿Qué es lo que usted desea?

Agua Sra. Maga, sólo quiero agua para mis campos de cultivo

¿Y qué está haciendo para disponer de ella?

¡He perdido la cuenta de las veces que he llamado al Sr. Conductor del camión cisterna!” Dijo algo molesta la Campesina

¿Y le ha funcionado?

¡NO! ¡Es evidente!” Respondió la campesina manifestando su enfado.

Mientras siga buscando fuera, dependerá del otro. Lo maldecirá cuando no satisfaga sus necesidades, invertirá su energía en ello, derrochándola en algo que no depende de usted. ¿Qué pasaría si el tiempo y esfuerzo lo redirige a conseguir abastecerse usted misma de agua?, ¿qué prefiere?

 

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¿Y tú, qué prefieres, comportarte como la maga o como la campesina?

Todas/os tenemos un/a mago/a en nosotros.

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¿Cuántas veces confundimos la ayuda con obligación?

¿Cuántas veces los regalos son monedas de chantaje encubierto para conseguir algo?

¿Cuántas veces busco fuera aquello que yo no soy capaz de reconocerme, sentirme merecedor/a, o darme?

 

Cecília Ruiz

27/03/2020

Te dejo el link directo para que si te apetece, puedas escuchar este cuento:

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