evolucion mariposas

 

¡He decidido cambiar!

No sé dónde llegaré,

No sé para qué servirá,

No sé qué futuro tendrá.

Pero sé para qué lo hago.

Lo hago para empezar (¡POR FIN!) a ser Y.O.

Lo hago para iniciar la andadura de amarme.

Lo hago para sentir mi amor, sí, ¡El mío hacia mí!

Lo hago para sentirme.

Lo hago para verme.

Si después de esto no lo hago, soy yo misma la que me mato, la que muero. Sin ningún culpable. Sin más juicio.

 

¿Qué cómo lo estoy haciendo, que qué me ha llevado a hacerlo?

Sentirme y ver la realidad.

La realidad es nuestra auditora.

Cuando tengo dudas, cuando me pierdo; miro, observo y obtengo respuesta.

Ahora que ya lo sé, no soy inocente de lo que me pasa, de lo que me ocurre, de lo que vivo.

Saliendo de este victimismo que me ha acompañado en esta vida, sintiendo la rabia, la ira, retorciéndome porque no existen excusas, las busco debajo de la cama, debajo de mis vestiduras. Las busco en la compasión del otro. Y siento rabia, sí ¡Narices! Siento rabia de que el otro no llore conmigo, de que el otro no se lamente y alimente la víctima que me creo.

Me dejan sola, ¡Pobre de mí!

Y escucho los acordes de la canción y la suave voz que me dice “te espero muy pronto al otro lado de la piel”!

Y doy el paso, y me miro, y me observo y quiero traspasar esa piel… Pero qué dolor, cuánta resistencia. Yo quiero llorar, quiero rendirme que es más fácil!

Y aun así me miro, me veo, y sigo dando el paso, a pesar de la rabia, a pesar de la ira, a pesar de ver a esta yo víctima que por todo se queja y que mendiga que alguien alimente este personaje mío que a la vez me consume.

Y sabes qué!? Que estoy harta de callar, estoy harta de disimular, harta de aparentar, harta de conformarme.

Y me digo “Qué bien que has llegado hasta aquí, ¡POR FIN!”

¿Estaré al otro lado de la piel?, Si lo estoy “¿volveré atrás?

Y escucho… “Cuando llegues a este mundo mis brazos serán tu hogar…y agarrarte la manita para caminar juntos al otro lado de la piel” ¿Es una invitación?

Esa soy yo, la que me espera al otro lado de la piel, y la que a su vez se resiste a cruzar. Si cruzo ¿Dónde dejaré a mi víctima?. Si no la llevo conmigo, ¿Cómo me va a acompañar? Ya no habrá excusas, la alegría será sólo mía, la tristeza también, incluso el miedo y la rabia.

No es que ahora no sean míos (¡Viva el apego!), pero ésta mi víctima, con la que me he identificado y me he creído ser yo, tiene un listado preparado para hacerme creer que se pueden delegar en otros. Que eso mío, si no me gusta, se lo puedo “empaquetar” a alguien de los que aparecen en la lista.

Así estoy, así me veo, agotada, perdida, asustada. Han tenido que pasar años, pero ¿qué es el tiempo?

Ha sido necesario transitar por un 2017 donde la vida se me iba, donde perdía lo que me sostiene en esta vida, mi cuerpo.

Pobre de mí, mi cuerpo está en el límite, no me puede acompañar.

¿Y sabes qué? Que no es mi cuerpo, que no es pobre de mí.

¡Joder! Cecília, reacciona que te vas “Coño”! ¡Que se te va la vida!

¡Que te están esperando al otro lado de la piel!

¿Y qué tendrá que ver con todo esto lo que alguna vez he escuchado de “tienes la piel muy fina”?

La tendré fina, pero dura y resistente como una roca.

Y ahora sé que eso no es ni positivo ni negativo, ni bueno ni malo. Es, y al ser así, me ha acompañado a sobrevivir. Gracias a esa piel estoy aquí, permitiéndome sentir si saltar al otro lado.

¿Y qué más da cómo es la piel?

 

Y así y aquí estoy,

A través de este dejarme expresarme,

A través de este comunicarme,

A través de este espacio que me he concedido, sin esperar (o si) la compasión del otro. Sintiendo la mía. ¡POR FIN!

Amándome, respetándome, pues todo lo que acaba de salir de mí, todo lo que acabo de escribir, lo he hecho desde lo que siento, desde ¡POR FIN! liberarme y respirar.

Lo hago porque me ha salido, sin juicio, sin carga, sin estructura, sin mente.

Lo hago porque me lo debo.

Lo hago para verme, para sentirme, para no seguir sosteniendo lo que ya no me es necesario.

Y escuchando ahora mismo mi cuerpo, ¡respiro! Y ese respirar es más fuerte y profundo, es un aire que me alimenta.

¡Mujer, coge tu poder!

“No te quedes mirando a través del cristal, … suelta ya el dolor, el nuevo tiempo ya llegó, …” eso es lo que escucho, es lo que ahora suena mientras escribo. ¿Casualidad?, ¡Causalidad!

En el tránsito, ante el salto, haga lo que haga está bien hecho.

No soy inocente…

Pero tampoco soy culpable, si no lo hago, si no me voy al otro lado de la piel, es porque no toca, porque no es el momento, porque hay algo sin ver; y todavía no alcanzo a ver.

No hay víctima ni verdugo, y a su vez todos están aquí, conmigo.

Pido ver, pido verme y sí, ahora mismo (mañana no lo sé) me veo haciendo lo que estoy haciendo.

 

Querida víctima, gracias por ser y estar, gracias por acompañarme. Ya te he visto, ya sé que vienes conmigo, ya sé que has venido, has estado, para sostenerme, entiendo que no te quieras marchar, perdona mi rechazo, perdona mi negación. Hemos luchado, he luchado para echarte, y luego critico las guerras. La guerra era conmigo y la realidad, la auditora, me lo mostraba con violencia en “otros lugares”.

Querida víctima, querida y amada yo, podría decirte que no me haces falta, que te vayas, y te volvería a negar. Volvería a rechazarte. Hoy sé que eres yo, que la víctima forma parte de mí, y ha creado el ser que soy. ¿Cómo te voy a echar entonces?

¡Si te echo, si te rechazo me muero! Y tú lo estabas evitando.

Gracias por estar, por quedarte, aun las heridas de guerra que por mi desconocimiento he podido causarte. Esas heridas están marcadas en mi cuerpo y piel, gracias por permitirme verlas, pues me recuerdan mi guerra interior.

Gracias, pues acabo de descubrir que no hay nada a cambiar. En especial cuando ese cambio significa rechazar lo que existe, lo que es, ahora.

Querida víctima, me voy al otro lado de la piel, pero puedes venir conmigo, puedes acompañarme, de hecho, acompáñame si así lo deseas. Qué “miedo” al decirte esto, con todo lo que te he rechazado, con todo lo que te he odiado (o eso creía) y ahora soy consciente que yo soy tú, y que si te marchas puedo caerme. ¿Quién seré yo sin ti?

Curioso caso, ¿Antes no te quería y ahora te necesito?

Ven si quieres venir, quizá a la que traspase y vaya al otro lado de la piel, me dedique a hacer gimnasia dando saltos. Si decides venir, iremos de la mano, para aprender(me), para ver(me).

Si decides hacer un nuevo camino, si decides trascender, querrá decir que ya te habré aprendido, ya habré visto todos tus regalos y retenerte sería el re-inicio de la carga, de la violencia, de la guerra.

Sea como sea, qué oportunidad me brindas para amarme y permitirme ser, ser por encima de querer.

Eso debe ser “sobrevivir”.

Viajamos juntas en este nuevo Renacer…

Gracias!

 

Cecília Ruiz*

19/01/2018

 

Canciones que escucho de fondo mientras escribo:

Al otro lado de la piel, Tànit Navarro:

https://www.youtube.com/watch?v=ZOXTFhF76do&index=3&list=RDPrgMix2EMdY

 

Mujer coge tu poder, Tànit Navarro:

https://www.youtube.com/watch?v=5M3q0UUsEDY&list=RDPrgMix2EMdY&index=4

 

 

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