Lo hermoso o lindo, y lo difícil o duro no están reñidos.

Lo extraordinario (extra – ordinario), lo más maravilloso de todo ello es ser consciente de que eso es posible en el mismo instante.

Liberarse del autoengaño es lo que tiene. Y una vez hecho este ejercicio puede ser que te descubras recogiendo ¡los pedazos del ego! Y es de nuevo ahí cuando es importante no creerte que ya no eres aquel/aquella, que ya no estás allí. Y sólo, únicamente ser consciente de que eres, sin más, sin forma, sin detalle, sin etiqueta. Ser consciente, pues, de que eres y es en ese momento cuando te descubres recogiendo tu “mierda” recordarte que NO.

 

“¡¡¡Nooooo!!! ¡No quiero volver ahí!”

Y desde ahí, desde ese instante empezar a caminar de nuevo. Sin esa “mierda” que olía, que eran tus propios desechos, y si son desechos ¿para qué los coges y te los llevas?, ¿para qué te identificas con ellos?

 

Soltar “mierda” es todo un arte.

 

Liberarse del “ego” o “patrones” es todo un baile con música de letra amargante y ritmo in crescendo. Sí, como aquellas canciones con ritmo que puedes cantar “a grito pelao” y que cuando eres consciente de la letra te preguntas te divides entre seguir escuchando la canción y cantándola o ponerte a llorar y meterte en el drama.

 

Liberarse del “ego” o “patrones” es un lienzo en blanco para pintar con colores fríos y oscuros donde el arte consiste en combinar y donde la calidez está en la mano del que pinta.

 

Soltar “mierda” es ver, oir y callar para no validar mientras te gritas por dentro.

 

Soltar “mierda” es honrarla, agradecerla y utilizarla como actriz/actor secundaria y no como la principal. Sin la actriz/actor secundaria la película es aburrida, falta guión. Sin la actriz/actor principal, directamente no hay película.

 

Soltar “mierda” es agradecerla y sólo desde ahí es cuando la puedes utilizar y todo y el olor, no hay queja, pues sirve para abonar la nueva flor. O por qué no decirlo, la nueva persona que ya eres. Si todavía no puedes ver esa flor que eres, si no la puedes sentir, llámale semilla.

 

Con la “mierda” soltada se tiene más capacidad de movimiento, mayor agilidad en ese viaje. Es entonces ahí cuando descubres algo que antes era imposible por falta de visión, un tesoro en forma de pregunta-respuesta que sólo se ve cuando has bajado algunos metros bajo el nivel del mar:

  1. Hacia dónde quiero caminar.
  2. He cogido “cariño” a la “mierda”.

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No me hace falta irme muy lejos para saborear el viaje más intenso, no me hace falta salir de mí para descubrir la mayor obra de arte. No me hace falta viajar lejos para conocer al/ a la mayor sabia. Sólo me hacía falta viajar al revés, viajar al centro, sólo consistía en viajar hacia mí.

 

Ahora ya puedo decir…

Qué arte es esto de soltar,

Qué arte es esto de viajar.

Qué arte es ser consciente de mi dualidad,

Qué arte por encima de eso poder integrar.

Qué arte dejar de separar,

Qué arte ver la posibilidad.

Qué arte inventar una nueva canción.

Qué arte empezar a pintar.

 

Qué arte hacerlo todo por el placer de viajar.

Viaje al centro de mí…

 

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brindis br

 

Cecília Ruiz*

15/05/2018

 

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